En medio de las dificultades, compartir el saber es ocasión de alegría, de encuentros y de compromiso

Haiti, 13 de marzo de 2010
Haití
- "Tienen que tener voz en su futuro, en el futuro de Haití"
- Una primicia en el barrio de Grande Ravine: una distribución alimentaria que busca no olvidar a nadie y que se desarrolla sin violencia
El terremoto del 12 enero 2010 cambió la mirada que cada uno tenía sobre la vida. Hoy en día las personas se encuentran en una situación que no preveyeron y que no han elegido. Viven y duermen bajo pequeños refugios con toldos, en telas o incluso a la intemperie. Las familias y los niños que se encuentran completamente en el vacío no pueden comprender lo que les ha ocurrido. En medio de este contexto de vida tan difícil de aceptar, el tiempo de compartir el saber aportar una apertura, permite encuentros, tiempos para escucharse y compartir los momentos difíciles, pero también la alegría. La biblioteca da una nueva imagen de la vida, una imagen de alegría, de orgullo, de solidaridad y de paz.
A pesar de su actual desorden vital, los niños se acuerdan cada jueves de la biblioteca. Nos esperan con impaciencia y cuando llegamos sobre las nueve horas, muchos están ya allí, a la expectativa. Los otros llegan muy rápido, avisados por sus amigos o por sus padres. El último jueves fueron alrededor de 120 niños (entre 2-3 años y 13-14 años) los que participaron en las actividades propuestas.

Ya sea durante el tiempo en que los niños miran los libros individualmente, en el tiempo donde nos juntamos para cantar y después escuchar una historia o en el tiempo de la creación que llega al final de la mañana, los padres de los niños están a nuestro lado para ayudarnos a poner orden, para ayudar a sus hijos y a los de otros, para apoyarnos. Siguen con atención todos los momentos de la actividad. Disfrutan mirando a sus hijos mientras trabajan. Una madre dice: “La actividad que hacéis es muy importante porque los niños han perdido contacto con los libros desde el 12 enero. Esto les ayuda a prepararse para la reapertura de las clases”. Los niños dan muestras de solidaridad y se preocupan los unos por los otros. Procuran que cada uno encuentre un lugar en el que sentarse para mirar los libros y van a buscar aquellos que no están allí cuando la actividad va a comenzar. En el momento de la actividad, los padres vienen a preguntar cuáles son las condiciones necesarias para inscribir a sus hijos (¡no hay ninguna!). Otros nos invitan a ir a otros campos donde se encuentran sus familias.

Cuando entramos en el campo, los niños nos piden que vayamos a su casa para visitar a sus padres y nos llevan a casa de todos los demás. Tienen también la preocupación de hacernos encontrar a sus amigos para que nadie sea olvidado. Cada uno conoce a otro. Los niños vienen de diferentes medios sociales, pero juegan juntos como hermanos y hermanas. Se comprometen para ir a buscar a los otros e incluso a niños del campo de al lado. Los padres están muy orgullosos de sus hijos, muy contentos de acogernos. Así, la biblioteca no es solamente la actividad que tiene lugar los jueves, sino que durante toda la semana los niños la preparan y se van creando relaciones de confianza entre los niños, sus padres y nosotros.
La biblioteca no suscita solamente el compromiso de los niños y de los padres, sino también el de jóvenes que vienen a ayudar. El último jueves, una de estas jóvenes se ha sentido muy interpelada por el dibujo de una chica y ha buscado un tiempo con ella para escucharla. Porque los niños expresan lo que piensan a través de sus dibujos. Muestran lo que siguen amando a su país a pesar de la situación desastrosa en la que Haití se encuentra ahora mismo. Así, un niño ha dibujado un barco azul y rojo, color de la bandera haitiana, y sobre ésta ha escrito: “Amo Haití”. Otro niño dibuja el nuevo Haití con el que sueña: un Haití donde la vida retoma sus derechos, donde hay trabajo, donde hay una política agrícola que valora el trabajo de los campesinos, donde la escuela funciona gratuitamente, donde los niños pueden crecer en total tranquilidad, donde hay una política de vivienda, donde hay carreteras que van sobre todas las montañas, donde los ciudadanos se unen bajo una sola bandera, donde se respeta el medio ambiente. Él escribe con letras mayúsculas: HAITI QUERIDO.

En medio de la distribución de todo tipo de bienes que tiene lugar en el país, los niños nos enseñan que ellos esperan otros momentos como aquellos pasados con libros bonitos descubriendo historias y aquellos en los que se expresaban con un papel y lápices. Cuando llegamos con los libros, las pizarras, los lápices y el papel los niños nos reciben con tanta alegría como si fuera un camión de alimentos o de agua el que llegara. Tienen hambre de aprender y sed de compartir.
Saint Jean Lhérissaint et Dimas Perez,
voluntarios permanentes.





